Hoy en dÃa todas las carteras gestionadas, tanto activa como pasivamente, se miden contra un benchmark. Los fondos españoles se miden contra el Ibex, los tecnológicos americanos de big caps se miden contra el Nasdaq 100, fondos de small caps intentan batir al Russell 2000… y gracias a los Ãndices de Morgan Stanley casi cualquier estrategia posible va a encontrar un benchmark que se adapte a los activos en los que invierte, las zonas geográficas, el estilo de gestión y el nivel de riesgo. Todo el benficio del cliente… o eso dicen.
La finalidad de todo bechmark es comparar el comportamiento de un fondo con el comportamiento de un Ãndice o de un grupo de fondos semejantes. AsÃ, el inversor puede saber cuál es el fondo que más retorno ha generado y el que menos retorno ha producido en un mismo grupo y para un periodo de tiempo determinado.
Las gestoras saben que los fondos que durante el último mes/año han batido al Ãndice de referencia reciben mayores aportaciones que los que no lo han batido. Y toda su polÃtica comercial y de inversión gira en torno a la superación del benchmark. Ya no se trata de obtener retornos de calidad para el cliente, sino superar al benchmark en el último mes. Esta polÃtica tiene una doble consecuencia que dificulta la obtención de buenos resultados a largo plazo:
1. Los gestores intentan estar siempre por ecima de su benchamark y de su grupo de fondos. Para ello, centran toda su estrategia en la operativa a corto plazo, y no en inversiones que puedan generar retornos saludables de forma consistente en el largo plazo. Cargan sus carteras de acciones muy calientes, frecuentemente muy sobrevaloradas porque lo que les importa no es el valor, sino la tendencia (se juegan las comisiones, los bonus y, muchas veces, el puesto de trabajo).
1. Crearse un CÃrculo de Competencia. Hacer una lista con empresas cuyo negocio nos es familiar. Son negocios que entendemos.
Podemos hacer un DAFO de la empresa sin mucha dificultad. Muchas veces seremos consumidores habituales de sus productos.
2. Analizar los riesgos de la compañÃa. Riesgos financieros y operativos. Analiza su deuda, su liquidez, las probabilidades de quiebra, su apalancamiento, la ciclicidad del negocio, los cambios en la demanda… Ya habrás tachado algunas empresas de tu cÃrculo de competencia. Por ejemplo, en el cÃrculo de competencia de todos nosotros estará General Motors. Pero si analizamos su riesgo (los sensatos) la rechazarán como inversión.
5. Si varias empresas que cumplen con todos estos requisitos son del mismo sector y comparables, hacemos un análisis comparativo de la valoración y de los riesgos para quedarnos con la mejor.
Al final, tendremos un pequeño grupo de empresas que conocemos, que no tienen riesgo, que están baratas y que cumplen nuestro margen de seguridad. La cartera estará concentrada, pero es que el inversor en valor invierte en empresas, no en Ãndices.
Para inversores que crean en el Value Investing pero que no tengan tiempo ni conocimientos necesarios para ponerlo en práctica.
Lo mejor es buscar uno o dos fondos tipo Value que hayan demostrado ser buenos en entornos alcistas y bajistas. Cada uno debe elegir entre big o small caps, euro o dólar (o cualquier divisa), por paÃses… en fin, todo eso.
Debemos controlar nuestras emociones y tener paciencia. La lección más importante que aprendà en la bolsa es que: si pretendo evitar el miedo a no ganar, sólo voy a sentir el miedo de perder.
En la bolsa, el precio lo determina las expectativas. Cuando los inversores opinan que las tasas futuras de crecimiento van a ser abultadas, los múltiplos se disparan; mientras que si opinan que los crecimientos van a ser mediocres los múltiplos caen.
Una vez calculado el PER, para hallar el precio futuro de la acción, multiplicamos PER x BPA, donde
BPA = [(Sales x %EBITDA) - Depreciación - Intereses] x (1-Tipo Impositivo) / Nº Acciones
1) Un PER bajo puede inclinarnos a tomar una posición de una empresa de alto riesgo pensando que estamos comprando un valor seguro. Este PER sólo indica que si las expectativas de gran crecimiento se cumplen, el valor estarÃa barato. La palabra clave es EXPECTATIVA. Podemos pensar que estamos comprando Valor cuando, en realidad, estamos comprando mucho Growth. Y esto nos trae al segundo punto.
Todos nosotros estamos acostumbrados a equiparar el riesgo de una inversión en renta variable con la volatilidad de sus retornos. Medidas
tales como la varianza, la desviación tÃpica y la beta son muy habituales en la comunidad inversora. Sin embargo, dichas medidas sólo nos informan del grado de dispersión de los retornos de una serie. Pero para nosotros, como inversores en valor, una acción no es “una serie”.
Para el inversor en valor una acción es una participación en una compañÃa. Es un tÃtulo de propiedad de una empresa. Por tanto, lo que necesitamos es establecer una medida que nos indique el nivel de riesgo de dicha empresa. ¡No de una serie de retornos! Alguna vez hemos hablado de esto, asà que no voy a alargarme más con la definición de riesgo para un inversor en valor.
Cuanto mayor sea el NTA, mayor riesgo tendrá la empresa. Esta medida hay que compararla con las de las empresas del mismo sector y, personalmente, no me gusta que supere las 10 veces, siendo lo óptimo (para mÃ) una lectura inferior a las 5 veces. Lo mejor es calcular el NTA medio de los últimos 10 años y aplicar sobre la media dichos lÃmites. Hay veces que la empresa tiene un mal año y la lectura de NTA es enorme. Si el resto de años tiene lecturas cercanas a 5, suelo “hacer la vista gorda”.
Otras medidas de riesgo del negocio son las desviaciones tÃpicas los cambios porcentuales (de un año a otro) de las ventas, del BPA o del Free Cash Flow. Sin embargo, yo prefiero el Nivel Total de Apalancamiento (y es muy fácil de calcular y encontrar los datos necesarios para su cálculo es muy sencillo).
En primer lugar, hay que tener en cuenta que el PER no nos ofrece ninguna visión sobre la empresa, sino que sólo lo hace sobre la acción. Es un error muy común analizar la acción sin analizar antes la empresa.
Como inversores en valor, debemos comprar EMPRESAS y no alquilar ACCIONES (como dijo el omnipresente Warren Buffet) y, por tanto, para nosostros es mucho más importante analizar la empresa que analizar la acción. Sirva esto para darle al PER un nivel de importancia de segundo o tercer orden. Dicho esto, empecemos.
¿Cómo se mueve el PER? Si el precio aumenta más rapidamente que el BPA el PER será cada vez mayor y si el BPA aumenta más rapidamente que el precio, el PER será cada vez menor. Mucho más sencillo.
No es muy corriente, pero algunas acciones de PER muy alto (en nivel absoluto) pasan el filtro anterior. Son acciones sencillamente caras. No me siento cómodo con un PER superior a 25 veces. Puede parecer elevado para un inversor en valor, pero recordad que no le doy mucha importancia al PER. Si el resto de mi análisis es positivo, no voy a dejar de comprar una empresa porque su PER sea de 25 veces (el de Coca-Cola KO es de 22 veces). Pero por encima de 25 me cuesta comprar. Además, siempre hay otras empresas igual de buenas con múltiplos inferiores. Con esto ya he terminado con mi aplicación del PER para limitar riesgos.
El segundo nivel lo aprendà en un libro que se llama “The New Era of Value Investing”. Lo que hago es dividir el PER de la acción entre el PER del S&P500. Me da un ratio para cada año de los último 15. Sólo compro cuando el ratio actual es muy inferior al ratio medio y si el ratio actual está entre los ratio más bajos de los últimos 15 años. El ratio medio de Ko es de 1,60 y ahora está en 1,00.
Con esto ya me aseguro que por PER la empresa cotiza a su nivel más bajo de los últimos 15 años y que tiene mucho potencial de revalorización por precio hasta alcanzar su PER medio. A su nivel de PER medio no estarÃa cara por PER, sino justamente valorada. Asà que operando asà busco gangas.
Por último, busco precios objetivos. En primer lugar, multiplico el BPA actual por el PER medio para tener el nivel de referencia al que la empresa estarÃa justamente valorada por PER con el BPA actual. Le suelo sumar al PER entre un 10% y un 25% (depende de la empresa) para calcular un nivel de venta, en el que considero que la empresa estarÃa sobrevalorada por PER. Además, estimando las tasas de crecimiento del BPA y descontándolo con la tasa de descuento apropiada, calculo el valor presente del BPA futuro estimado para los próximos 5 y 10 años. Lo multiplico de nuevo por el PER medio y el PER aumentado (el que me marca el nivel de ventas) y asà tengo otros dos nuevos niveles de referencia.
Si al comparar los niveles de referencia con el precio actual se respeta mi Margen de Seguridad, considero que es una acción que por valoración PER deberÃa comprar. Si no respeta el Margen de Seguridad, no deberÃa comprarla por valoración PER.
FÃjense que hablo siempre de valoración PER. Esto es porque el PER es una pequeña parte de mi análisis. No pesa más de un 5% en mi análisis final. Hay que darle la importancia que tiene. Es mucho más importante analizar la empresa.
2) Eliminamos las “empresas grises” que por su mediocridad no esperamos que en el futuro tengan una expansión en su PER.
3) Hemos comprado en el mÃnimo de valoración absoluta por PER de los últimos 15 años y nos hemos asegurado de comprar empresas con gran potencial de apreciación por PER.
4) Hemos comprado en el mÃnimo de valoración relativa entre el S&P y la empresa. De esta forma nos vamos ajustando al nivel de valoración del mercado. Por otro lado, compramos en un momento que ofrece un gran potencial de revalorización por PER en este sentido.
5) Calculamos precios de compra y venta consistentes con nuestro Margen de Seguridad y con el historial de la acción. No es razonable comprar todas las acciones a PER 10 y venderlas a PER 20. Cada acción tiene su histórico y su propia naturaleza y nos hemos ajustado perfectamente a ella.
“Todos los problemas de la humanidad proceden de la incapacidad del hombre de permanecer sentado, en silencio, a solas en una habitaciónâ€. Blaise Pascal..
Todo lo que sube, baja y viceversa. Se acabaron los buenos momentos, se acabó la adrenalina, se acabó llamar al broker por los próximos 3, 4, 5, 20 años… Sólo podemos hacer una cosa: sentarnos y esperar. Dejar que los trabajadores y directivos de las empresas que hemos comprado creen valor para nosotros. Esto, que parece sencillo, es lo más difÃcil de todo. Ahora empieza la presión psicológica. Ahora es cuando tenemos que extremar nuestro control emocional. Ahora es cuando nos quema la liquidez de nuestra cartera. Ahora es cuando debemos demostrar lo que realmente somos: inversores de largo plazo.
Lo mejor es ir ampliando el cÃrculo de competencia. Analizar nuevas compañÃas, meternos en nuevos sectores. Este es el momento de visitar empresas, hablar con clientes, con proveedores… Ir al supermercado!!! Conocer los productos que los supermercados DEBEN vender para no perder clientes, conocer los nuevos avances informáticos (el nuevo Vista, los nuevos procesadores Intel…) Y a medida que conocemos y valoramos nuevas empresas vamos marcando niveles de entrada para un futuro, probablemente, muy lejano.
Es el periodo menos excitante pero más formativo. La presión psicológica se elimina con un minucioso trabajo de análisis que nos permitirá comprar grandes empresas a muy buenos precios cuando, dentro de X años.
La definición clásica de Riesgo en el Mercado de Valores es la volatilidad,
que se define como la desviación estándar anualizada de los rendimientos de una activo (sea una acción, un Ãndice, una cartera…) Otros estudios prefieren definir al riesgo como la Beta (de una acción o una cartera), la correlación entre los componentes de una cartera, el VaR… en fin, toda suerte de medidas estadÃsticas que pretenden decirle al gestor si su cartera tiene mucho o poco riesgo.
Para ello, el gestor o el analista de riesgo debe transformar cada componente de una cartera en los retornos anuales producidos por dicho componente. Una vez “matematizada” la acción, ya es posible aplicarle herramientas estadÃsticas como las ya comentadas para determinar el nivel de riesgo particular y el nivel de riesgo general de una cartera.
La Wikipedia define “Falacia” de la siguiente forma: “en sentido estricto, una falacia lógica es la aplicación incorrecta de un principio lógico válido”. Pues bien, para mÃ, toda la TeorÃa Moderna de Gestión de Carteras es fruto de una falacia lógica. La Gestión de Carteras es una falacia lógica porque resulta de aplicar de forma incorrecta una serie de principios lógicos válidos, como son los principios estadÃsticos.
Al aplicar principios estadÃsticos a la Gestión de Carteras nos olvidamos de lo que una acción es en realidad. Y a partir de aquà viene el desastre. Equiparamos riesgo a volatilidad y calculamos el retorno esperado según el riesgo incurrido (la volatilidad de los retornos). Todo gira alrededor de los retornos, de los distintos precios de cierre. Todo lo marca el precio de cotización. La Gestión de Carteras se olvida de la esencia de una acción y se centra sólo en el comportamiento bursátil. Por tanto, todas las medidas de riesgo obtenidas a partir de la aplicación de criterios estadÃsticos son medidas de riesgo CHARTISTAS. Se basan en el precio, en el gráfico, no en la empresa subyacente.
Aunque es un ejemplo extremo, de forma intuitiva nos damos cuenta de que las medidas de riesgo estadÃsticas son falaces. Son aplicaciones incorrectas de principios lógicos. Esa cartera es de mucho riesgo. Pero no de riesgo chartista, sino de riesgo FUNDAMENTAL, que es el verdadero y único riesgo.
Nuestro propio instinto nos lleva a valorar mucho más las medidas de riesgo fundamentales sobre las medidas de riesgo chartistas. Las primeras nos impulsan a comprar a precios bajos y vender a precios altos; mientras que las segundas nos impulsan a comprar a precios altos y vender a precios bajos. Además, es la diferencia entre cotización y valor intrÃnseco (Margen de Seguridad) lo que marca nuestra rentabilidad, no la beta!!!
Por tanto, el determinante último del riesgo y de la rentabilidad es siempre el valor intrÃnseco de una acción y su margen de seguridad. Cualquier definición de riesgo de tipo chartista es fruto del error de concepto y de la falacia matemática. Por primera vez las Matemáticas engañan.
Es algo propio de la naturaleza humana el sentirnos especiales, distintos al resto de humanos. Y, por lo general, nos creemos distintos a mejor. Una
estadÃstica muy curiosa de la Association of British Drivers nos dice que el 90% de los conductores encuestados se cree mejor conductor que la media. Tiene bastante coña la estadÃstica.
Parece que nos sentimos atraidos por la filosofÃa de ser uno mismo, de no sucumbir a las modas, de ir por libre. ¿Cuántos fashion victims considerarán que tienen un estilo propio? Pues la mayor parte de los que van vestidos igual que David Beckham. En la Bolsa nos ocurre lo mismo. A todos nos gusta ser Contrarios. Hace que nos sintamos especiales. Sin embargo, muy pocos aplican bien este concepto.
Pongamos un ejemplo. El siguiente enlace a la revista Forbes es un artÃculo fechado el 12/06/06 titulado: Analyst Calls Intel Shares “Dead Money” (algo asà como Los analistas califican las acciones de Intel como “dinero muerto” - ahà es nada!!!). Ese mismo dÃa, las acciones de Intel cerraron en $16,86 en su mÃnimo desde Abril de 2003. En un año, INTC habÃa caÃdo un 37,50%. En el mismo periodo el Nasdaq 100 subió un 2,70%. La cosa pintaba muy negra.
Sin embargo, un análisis de los fundamentos de INTC a largo plazo , nos daban un precio objetivo (o un valor intrÃnseco por acción) de entre $27 y $36. Esto suponÃa un descuento mÃnimo del 60% respecto al cierre de ese dÃa. Pues bien, todo aquel que haya comprado el dÃa de publicación del artÃculo de Forbes, está ganando a dÃa de hoy un 16,60% frente a una ganancia del 3,48% del Nasdaq 100. (En el gráfico está marcado con una flecha el dÃa de publicación del artÃculo).